
Lanzarote despidió ayer el verano con una multitudinaria fiesta en La Caleta. Los vecinos de esa localidad costera del municipio de Teguise sacaron al mediodía en procesión por las calles de jable a su patrona, el Sagrado Corazón de María, y la pasearon en la embarcación El abuelo Frasco por su bahía junto a una quincena de pequeños barcos de recreo.
El párroco de Teguise, Alejandro Santana, quien estuvo acompañado en la misa por el seminarista de La Graciosa, Nicanor Bermúdez, destacó la acogida que La Caleta brindó este domingo a todas las personas que acudieron a disfrutar del último día de los festejos. «La iglesia se queda muy pequeña para acoger a tanta gente que ha venido y, por eso, el pueblo se convierte en una gran ermita que da cabida a todo el mundo», afirmó Santana.
Otro de los detalles que llamaron la atención del cura, quien celebró por primera vez los actos religiosos del Sagrado Corazón de María en La Caleta, fue «el hecho de que se respetara que el barco de la Virgen siempre estuviera a la cabeza del recorrido y se le diera su protagonismo, hecho que no es así en todas las procesiones marítimas».
A los caleteros se sumaron residentes en otras zonas de la Isla y también de La Graciosa, en el tradicional hermanamiento que tiene lugar por estas fechas entre las dos orillas. Un barco de Líneas Marítimas Romero trasladó por la mañana a unos cuarenta gracioseros desde Caleta de Sebo hasta La Caleta, «una expedición que no es tan numerosa como ocurría hace unos años», afirmaron desde la naviera, que regresó por la tarde a Lanzarote a recoger al pasaje.
María Fuentes, vecina de Arrecife y «caletera de corazón», afirmó que «no recuerdo tanta gente como este año en el pueblo». Andrés García, de La Santa (Tinajo), no concibe un final del verano «sin pasar unos días en La Caleta», y María Déniz, de San Bartolomé, ya piensa en el año que viene para «volver con mi familia a pasar las vacaciones».
Más de 20.000 personas participaron este fin de semana en los actos de La Caleta. Emerlan realizó unas 50 asistencias sanitarias, ninguna de ellas graves y la mayoría por intoxicaciones etílicas.